Concha López Narváez (1939-2026)

 


La literatura infantil y juvenil ha perdido hoy a una de sus voces más emblemáticas e influyentes: Concha López Narváez. Una autora a la que siempre hemos tenido especial cariño, como demuestra el hecho de que le dedicáramos el número 1 de nuestra revista, allá por marzo de 1989.

Concha López Narváez nació en Sevilla en 1939, y ha sido desde hace décadas una autora de referencia para varias generaciones de lectores. Su trayectoria representa el tránsito entre la tradición y la modernidad de la LIJ en España. Se formó en la Universidad de Sevilla, donde se licenció en Historia de América. Su vocación inicial fue la enseñanza: durante años ejerció como profesora de secundaria, hasta que en 1983 decidió dedicarse plenamente a la escritura. No obstante, su literatura mantuvo siempre una fuerte vinculación con la escuela.

Su primera obra, La tierra del sol y la luna (1984), supuso su entrada en el panorama editorial, una novela histórica ambientada en los conflictos entre moriscos y cristianos en la España del siglo XVI en la que ya aparecen algunos de los rasgos esenciales de su escritura: rigor histórico, tensión emocional y atención al conflicto moral.

Este primer libro alcanzó pronto reconocimiento internacional al formar parte de la Lista de Honor del IBBY en 1986, situando a la autora en el mapa internacional de la literatura infantil. Además, fue considerada una de las cien mejores obras de la literatura infantil española del siglo XX en el VI Simposio sobre Literatura Infantil y Lectura de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez (2000).

A partir de ahí, López Narváez desarrolló una obra extensa en la que alternó géneros como la novela histórica, el misterio, el relato psicológico y la narrativa breve. Entre sus títulos más relevantes destacan El amigo oculto, La colina de Edeta, Memorias de una gallina, La tejedora de la muerte, El silencio del asesino o El árbol de los pájaros sin vuelo.

En 1984 recibió el Premio Lazarillo, el galardón más veterano de la LIJ en España, por El amigo oculto. A lo largo de su carrera ganó varias ediciones del Premio CCEI, fue finalista en varias ocasiones del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil y recibió en 1996 el Premio Cervantes Chico por el conjunto de su obra.

Su escritura se caracteriza por un lenguaje accesible, una constante llamada a la emoción del lector y una voluntad pedagógica que rehúye el didactismo. Como ella misma defendía, un buen libro para jóvenes debe «tener emoción y estar escrito con un lenguaje sencillo, pero nunca vulgar».

Además de su faceta como autora, López Narváez desempeñó un papel relevante en la institucionalización del sector: fue presidenta de la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil y vicepresidenta de la sección española del IBBY (OEPLI) entre finales de los años ochenta y principios de los noventa.

Este compromiso la sitúa en una generación clave para la consolidación de la LIJ española contemporánea, junto a otros autores que reivindicaron y trabajaron para defender la importancia de un género que siempre se ha considerado menor.

La obra de Concha López Narváez siempre ha combinado ese legado clásico con una mirada contemporánea y progresista centrada en los problemas emocionales y éticos de los jóvenes lectores. En sus textos aparecen temas como la identidad, el miedo, la diferencia o la convivencia, tratados desde una perspectiva accesible pero profunda. Esta capacidad para crear textos significativos pero cercanos a los lectores jóvenes explica su permanencia en catálogos de lecturas recomendadas durante décadas.

Concha López Narváez nos deja como legado una bibliografía imprescindible, la huella que ha dejado en la experiencia lectora de millones de jóvenes lectores, y su contribución a consolidar la literatura infantil y juvenil como un género con letras mayúsculas.

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